Hemos creado un monstruo: la verdad incómoda de la industria de las bodas.
- Paula Abreu
- 18 feb
- 2 Min. de lectura
Tengo que confesarles algo: el 2025 fue uno de los años más difíciles de mi vida. Fue un año de "veintes" que cayeron de golpe, de esos que uno no quiere enfrentar, pero la vida te obliga a mirar. A pesar de tener proyectos demandantes, nuevos retos profesionales y un equipo en reestructuración, había algo en mí que se sentía apagado. Me sentía vacía, exhausta y, sinceramente, con la "chispa y el corazón" apagados.
Al principio pensé que era simple cansancio acumulado. Pero un día, en terapia, cuando me preguntaron qué me tenía tan agotada física, mental y emocionalmente, la respuesta salió de mis labios casi sin pensarlo:
"Hemos creado un monstruo".

La Era del "Más es Más"
Llevo 18 años en esta industria. Recuerdo cuando empecé: solo había dos tipos de mesas (redondas y cuadradas), las sillas eran plegables con fundas y las bodas se trataban de reunir a la gente.
Luego llegó la era de la personalización. Y no me malinterpreten, amo los detalles, pero con ella también llegaron las exigencias excéntricas y la sensación de que nunca es suficiente. Pasamos de coordinar proveedores a gestionar caprichos, de crear atmósferas a perseguir la foto perfecta para el feed de Instagram.
Nos hemos abalanzado sobre las tendencias, el color del año, los reels virales y el consumismo desmedido. Y en esa carrera frenética, hemos perdido de vista lo verdaderamente importante: el Amor.
La Trampa del Ego
Me di cuenta de que gran parte de este agotamiento venía de planear desde el Ego.
El Ego nos susurra que si hacemos la producción más grande, la más costosa o la más "instagrameable", entonces seremos "La Top Planner". Nos hace creer que el éxito profesional llenará nuestros huecos personales de insuficiencia. Pero es una mentira.
Hacer las cosas solo por ego, sin profundizar en lo que el alma de la pareja necesita, lo único que logra es alejarnos de nuestro propósito. Terminamos viviendo no en la industria del romance, sino en la industria del egocentrismo, inmersos en una dinámica vacía, frustrante y agotadora.
El Regreso a la Esencia
No se trata de convertirnos en monjes tibetanos y renunciar a la belleza o a la ambición. El ego es parte de nuestra esencia humana. Pero debemos reconocerlo para que no sea él quien conduzca el coche.
Si seguimos creyendo que el éxito está en el tamaño de la producción y no en la calidad de la conexión humana, le estamos fallando a nuestras parejas. Les estamos haciendo creer que lo más importante de su boda es la estética, cuando en realidad es la unión de dos vidas.
Mi invitación hoy, para mis colegas y para las parejas, es a frenar.
Dejemos de alimentar al monstruo de la perfección estética y empecemos a nutrir las conexiones humanas profundas. Porque al final del día, cuando las flores se marchiten y la música se apague, lo único que quedará es cómo hicimos sentir a las personas.
No perdamos el verdadero propósito de nuestro trabajo. Hagamos bodas bonitas, sí, pero sobre todo, hagamos bodas que conecten.
¿Alguna vez has sentido que la presión por la "boda perfecta" te desconecta del disfrute? Te leo en los comentarios.





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